TOC

En esta sección intentaré explicar algunas nociones respecto a mi enfermedad, ya que son muy pocas las personas no relacionadas con ésta que saben de qué se trata el Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Por ello, iré armando un texto dirigido a las personas sanas (?) y no a quienes, como yo, se las arreglan para sobrevivir día a día de cara al maremágnum del caos, la ansiedad y el ruido confuso de esta olla de palomitas que llamamos pensamientos intrusivos.

Como por ahora estoy muy escaso de tiempo —nuestros días tienen mucho menos de veinticuatro horas— me remitiré temporalmente a copiar el siguiente texto que hallé aquí y que me pareció comprensible incluso para la capacidad de un ingeniero comercial o de un funcionario público. Lo escribe don Miguel Ortiz, y lo pego a continuación desprolijamente, pero para que al menos esté:

A no pocas personas sus amigos las clasifican de “obsesivo-compulsivas”, aunque la verdad este término se refiere a un trastorno mucho más grave. Aún así, todos hasta cierto grado tenemos obsesiones y aquí revisamos las 10 más comunes y cómo combatirlas.

Seguramente conocen a Melvin Udall, pero su nombre no les suena. ¿Y si les digo que es un escritor de novelas románticas, que vive en New York y que sufre de múltiples trastornos obsesivos compulsivos? Quizás tampoco lo recuerden. Entonces mejor les cuento que Melvin Udall es el personaje que el actor Jack Nicholson interpreta en la película “Mejor imposible” (1997). ¿Ahora sí? Imposible no mencionarlo cuando hablamos de lo que coloquialmente llamamos TOCs, aquellos irracionales impulsos que a todos –en mayor o menor medida- nos han afectado alguna vez, aunque el término está mal usado, pues el verdadero Trastorno Obsesivo Compulsivo es un desorden mental de orden clínico que afecta a alrededor de 2,3% de la población en algún momento de su vida.

Según la definición que hace la medicina sobre este tipo de comportamientos, los TOCs son “problemas de ansiedad caracterizados por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes”, que “producen inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas”. Estas compulsiones están dirigidas a reducir la ansiedad asociada.

El TOC es un fenómeno que está incluido en el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”. Según la literatura, los TOCs se pueden clasificar en tres grandes categorías: limpieza (obsesión por la higiene), verificación (inseguridad y constante chequeo respecto de situaciones domésticas) y orden (búsqueda de simetría y precisión en todo orden de cosas).

El verdadero TOC puede interferir con la vida de una persona hasta tal grado, que la OMS la considera una enfermedad discapacitante. Las personas con este desorden se sienten presas de él y se dan cuenta de que tienen un problema, pero son simplemente incapaces de controlarlo. Estamos hablando de personas que (en los casos más extremos) pueden estar minutos y hasta horas repitiendo incesantemente una acción, como verificar que su gato no haya quedado encerrado en el refrigerador, o limpiando obsesivamente su hogar, sus manos y todo lo que tocan. Además tienen mayor propensión a la depresión y a otros trastornos psicológicos, como anorexia, hipocondría y fobias.

El tratamiento más efectivo contra este desorden, en todo caso, es bastante sencillo. Se trata de una psicoterapia conductual llamada Exposición y Prevención de Respuesta (EPR) y consiste en enseñar a la persona a tolerar la ansiedad que le produce no llevar a cabo sus rituales o enfrentarse a aquello que teme, haciéndole deprenderse de los primeros o acercarse a los segundos de manera gradual. El tratamiento se puede complementar con otras terapias psicológicas y con psicofármacos.

Aunque la gran mayoría de nosotros no sufre realmente el Trastorno Obsesivo Compulsivo, seguramente todos hemos sentido (a un nivel bastante más manejable) la ansiedad que produce que algo se salga de los patrones que consideramos cómodos (si se cree inmune, trate de ver estas fotos sin que le tirite el párpado inferior).

Chequearlo todo
Sufren con la posibilidad de que se les haya quedado enchufada la plancha o abierto el gas o la puerta de la casa sin seguro. Son capaces de volver a revisar que todo esté en orden… aunque ya hayan salido hace más de una hora. Viven aterrados de que “pueda pasar algo”.

La rayas de la vereda
No tiene mayor explicación ni sentido, pero el pisar las rayas del pavimento de la vereda podría desatar una catástrofe planetaria. Mejor no pisarlas, así nos evitamos problemas (?).

Parpadeo
Algunos sufren de parpadeos involuntarios incesantes como resultado de un tic (que no es lo mismo que un TOC), pero hay otras personas que lo hacen de manera voluntaria, buscando, por ejemplo, siempre parpadear en cantidades pares.

La pasta de dientes
Muy difundida es la obsesión por sacar la pasta de dientes del tubo de manera ordenada, de atrás hacia adelante. No hacerlo, en algunos casos, puede generar crisis matrimoniales. Aquí hay firmes defensores de que esto no es en caso alguno una obsesión, sino un hábito práctico. (Ambos bandos pueden sacarse los ojos en los comentarios).

Lavarse las manos
Una, dos, tres, cuatro… hasta cinco veces, antes de comer o cocinar. Hay casos en los que la piel se resiente de tanto jabón y agua, y a los afectados les salen llagas. De hecho, el ítem “higiene” es caldo de cultivo para todo tipo de TOCs y obsesiones.

Simetría
La búsqueda de la perfección puede alcanzar dimensiones insólitas, como aquellas personas que al sentarse a comer reordenan la disposición de los cubiertos, buscando que queden a igual distancia del plato. La combinación perfecta de colores en la ropa también puede convertirse en pseudo-TOC. O el peinado… o el lustrado de los zapatos.

Acumulación de cosas
Sin necesidad de llegar al extremo del mal de Diógenes, la acumulación innecesaria de cachureos puede ser considerada un trastorno. ¿Cómo saberlo? Si racionalmente sabemos que no tiene sentido conservar esas cosas (boletas, botellas, cables, folletos… “algún día podrían servirme”) pero en ningún caso estamos dispuestos a ordenar y botarlas.

Terror al error
El miedo desproporcionado a equivocarse en cuestiones sin mayor relevancia se puede volver nuestro peor enemigo. Y un error ajeno también puede ser sinónimo de sufrimiento. Por ejemplo: cometer o leer una falta de ortografía (¿algún grammar-nazi entre el público?)

Dieta estricta
Quien no es capaz de salirse un poquito de la dieta –un pedacito de chocolate junto al café, por ejemplo-, corre el riesgo de convertir su objetivo en una manía (o peor aún, en un trastorno alimentario).

Sexo
Éste es muy común y rara vez nos percatamos de que se trata de una obsesión. Son muchas las personas que, de manera voluntaria, relacionan todas sus conversaciones a cuestiones de tipo sexual, buscándole siempre el doble sentido a lo que escuchan.

Y el listado podría continuar con la obsesión por el estado físico, las obsesiones religiosas (personas que rezan hasta para encontrar estacionamiento en el mall), los pensamientos existencialistas recurrentes, las supersticiones, los ludópatas y los denominados “dilatadores”, que disfrutan de la opción de dejarlo todo para más tarde.

¿Dónde está, entonces, el límite entre el natural deseo de hacer las ciertas cosas de un modo específico o una mera costumbre, y estos “pseudo-TOCs” que deberíamos evitar? En que los primeros deseamos hacerlos, nos hemos propuesto hacerlos o lo hacemos sin siquiera darnos cuenta, mientras que los últimos nos incomodan y nos dominan, al punto que terminamos cediendo a ellos no porque realmente los queramos, sino simplemente para que desaparezcan. Pero mientras más los hacemos, más control toman de nosotros.