Un día más

Está nublado, aunque es verano. No es tan temprano para el resto de la humanidad, pero a mí, que tengo los horarios cambiados, me parece la madrugada y me alegro de haber despertado a esta hora. Estoy contento, con ganas de trabajar y de hacer cosas, y se ha ido mi mal humor de ayer, cinco obsesiones y dos culpas. Como si fuera poco, es un nuevo día en el que puedo retomar mi dieta, la misma de la que me escapo tan a menudo, pero no importa. Tanto.

Y para todos, es un nuevo día en que podemos comenzar de nuevo, porque se puede empezar siempre, cada día nuevo, aunque suene a trabalenguas. Es un nuevo día para dejar de fumar, aunque mañana recaigamos, porque pasado mañana será otro nuevo día. Es un nuevo día para comenzar a decir “buen día” antes de pedir el kilo de pan. Un nuevo día para que los que tengamos dos mantas demos una al que no tiene ninguna. Es un nuevo día para concebir hijos e ideas y gestos de buena fe. Es un nuevo día para matricularse en algo, comenzar un libro o una película o un amor o un blog. Un génesis. Un big bang renovado.

Dios -como sea que sea- quiera que siga habiendo nuevos días por un buen tiempo. Yo amanecí a las nueve de la madrugada contento, tanto que pude escribir este mensaje embotellado para que ojalá llegue a alguien a quien le sirva, y que se dé cuenta de que mientras haya un despertar, habrá una oportunidad de dejar atrás las cenizas de anoche, para regenerar la vida.