Soy feliz

Mañana por la mañana solo faltará una semana para que nazca la Emilia, nuestra segunda hija. Paulita, la primera, también la espera desde sus casi dos años de vida. Mi mamá, teje que teje y mi esposa cada día con un dolor nuevo, porque esta guagüita sí que salió inquieta. Hasta la Colombina, nuestra perra, parece esperar el magno evento a estas alturas de su vejez. Tal vez a ella sí la deje tocarle la cola.

Y yo, yo a veces no puedo creer que soy papá, un hombre contento después de tanta soledad como la que estampé en su tiempo en mi viejo diario. Me paro, miro hacia atrás, y veo que la vida sí puede cambiar. Tantas noches navegando entre la borrasca de la soledad para llegar hasta aquí, salvo, a la cama que me es balsa sobre la que duerme la mujer que amo.

Doy gracias a Dios. Tal vez la gente más inteligente que conozco no crea en su existencia, pero no se puede creer en un ser superior desde la autosuficiencia. Yo asumo entonces mi propia necesidad y con ello logro entreabrir mis ojos a su verdad. Así que le doy gracias, porque todos los años que le pedí esto, él me escuchó.

Estoy satisfecho.
Es 27 de agosto y Emilia está por llegar.
Tendrá un papá feliz igual que la Paulita.