Oda al diseño gráfico

Me gusta el Vodka, porque el Vodka es bello.
Porque su de y su ka viven espalda con espalda
en sexual alianza
en multidireccionales diagonales de tensión.

Y me gusta comerme las palabras
(sobretodo las que tienen equis y as).

Y me gusta arrastrar de a poco las yemas de los dedos por mi delantal de trabajo,
haciéndole crujir lento la mezclilla
dejando manchas de pixeles olorosos y vibrantes,
hijos burbujeantes del Todo Hexadecimal.

También me gustan los vectores
porque no se pixelan
aunque se estiren voluptuosos y obscenos hasta la exuberancia de mi monitor IBM.

Una de las cosas más agradables
es magnificar con la lupa un punto como éste → .
hasta que deja de ser punto
volviéndose conjunto, suculento, máximo, total
sobre todo si es naranjo sobre un fondo #646464.

Y me gusta saber que puedo decidir
y que no importa quién sea Obama ni Osama:
El que define si es curva o recta soy yo
y todas mis pestañas carbonizadas
y medio atrementinadas
y entretenidas
y rectas
y pocas.

Lo otro que me parece chori
es pelear con las tipografías que no tienen tildes
ni eñes
y fabricárselas al filo de la verosimilitud
y que parezcan oficiales.

Y también me gusta la ve corta del Vodka,
y la o,
porque juro que nunca le he probado el saborcito.


Escrito el viernes 21 de octubre de 2005.