Los chilenos no hablamos mal, sino distinto

Lo venía yo diciendo desde hace tiempo: No hablamos mal, hablamos diferente. Y es que oigo decir, constantemente, que en Perú se habla bien, que a los colombianos les suena tan bonito, que en España se pronuncian las zetas… hasta que por fin llega este experto mozalbete y me da algo de razón, aunque a nadie le importe. Copio íntegro, pues, a continuación un artículo firmado por Júlia Talarn y fechado 3 de junio de 2015, lo hallé aquí.

El artículo

La inquietud por derribar el extendido mito de que Chile “es el país donde peor se habla el español” empujó al lingüista chileno Darío Rojas a escribir un libro que expone las peculiaridades dialectales del país austral, “donde el castellano se habla distinto”.

“En términos puramente lingüísticos, en Chile no se habla mal, se habla distinto, si hubiéramos hablado mal habríamos dejado de comunicarnos así desde hace mucho tiempo”, destacó el joven profesor de la Universidad de Chile, autor del ensayo “Por qué los chilenos hablamos como hablamos”.

En Chile se dice guagua (bebé), cachái (entiendes), guata (barriga), poh (pues) o carrete (fiesta), se vosea -¿Cómo estái? ¿Qué querí?- no se pronuncia la ‘s’ al final de las palabras y se usa un tono agudo al hablar; pero estas notorias diferencias respecto de la norma estándar no son motivo suficiente para considerar que los habitantes de Chile hablan mejor o peor que otros países latinoamericanos, según el experto.

“Lo que explica esta valoración es la instrumentalización política de estas diferencias lingüísticas que se hizo en el siglo XIX”, explicó Rojas, ex-colaborador de la Fundéu, una fundación patrocinada por el BBVA y la Agencia Efe para el buen uso del castellano.

Uno de los protagonistas de esta cruzada contra los modismos fue Andrés Bello, uno de los fundadores de la República de Chile, quien temió que en América Latina, después de independizarse de España, pudiera pasar lo mismo que en Europa tras la caída del Imperio Romano, cuando el latín empezó a fragmentarse en distintas lenguas que llegaron a ser incomprensibles entre sí. “Bello quería evitar esto y estableció que el habla modelo fuera el de las personas cultas, lo que en Chile se asemejaba al lenguaje de la elite social y económica, por lo que la lengua que circula en Chile se convirtió en una excusa para el clasismo”, sostuvo. Ello derivó en una “condena de la forma de hablar de los estratos populares” que se prolongó desde esta época de hasta el día de hoy.

Pero, nada más lejos que corrupciones lingüísticas, muchas de las características de la forma de hablar de las clases populares chilenas son, según el académico, “formas legítimas que tienen mucha antigüedad”.

Página a página, el miembro de la Academia Chilena de la Lengua desgrana la historia del castellano antes de llegar a América y su constitución en el nuevo continente.

Los últimos capítulos del libro destacan las particularidades lingüísticas del castellano que se habla actualmente en Chile, cuyo origen se remonta a varios siglos atrás. Es el caso, por ejemplo, de las terminaciones verbales voseantes -tu amái, tu tenís, tu salís-, propias del lenguaje coloquial, que derivan de la segunda persona plural latino “amatis” (de amare ‘amar’), transformada en castellano medieval en “amades”, luego “amaes”, “amáis” y de ahí la forma voseante “amás”, usada por ejemplo en Argentina y “amái”, con pérdida de la ‘s’ final, usada en Chile.

“Gracias al conocimiento de la historia de la lengua española uno se da cuenta de que la idea de que hablamos mal es un mito que se ha construido a través de la defensa de intereses de ciertos grupos privilegiados de la sociedad”, remarcó.

La caída de la ‘s’ final, el seseo o el debilitamiento de la ‘d’ entre vocales y en posición final está relacionada con la gran influencia que tuvo el andaluz en Chile y en el conjunto de América Latina, donde los primeros españoles que llegaron provenían del sur de España o de las Islas Canarias.

La influencia de la lengua indígena es otro de los rasgos que caracteriza el habla chilena, repleta de léxico como “poto” (trasero), “trutro” (muslo), “palta” (aguacate) “papa” (patata) o zapallo (calabaza), de origen quechua o mapudungún, etnias a las que algunos atribuyen la particular entonación aguda chilena.

“El objetivo de este libro es que el chileno se sienta orgulloso de su manera de hablar. Debemos valorar la diversidad y tratar de superar estas dinámicas tan clasistas que se dan en nuestra sociedad”, sentenció.

“¿Por qué los chilenos hablamos como hablamos?”, publicado por Uqbar editores, fue presentado el 9 de junio de 2015 en la Universidad Alberto Hurtado.