Chile muerto

Dispárenme, pero con todo lo interesante que me ha parecido el actual acontecer eleccionario, estoy pensando en nuevamente no votar. Sé que algunos estarán de acuerdo, mientras otros esgrimirán el archimentado error matemático de “no votar equivale a darle diez votos al más malo (Piñera), así que si no votas no alegues”, equivocación a partir de la cual borrega y cándidamente se concluye que uno no está interesado en la política, cuando la verdad es precisamente la cosa opuesta.

Quiero copipastear a continuación, íntegra, una entrevista reciente que Macarena Gallo (que no conocía) le realizó aquí a don Gastón Soublette (que tampoco), y que me ha parecido un sabio, y se me hubiera antojado también un visionario si el peso connotativo del término no lo vinculara a un optimismo que este señor no profesa.

La cosa es que también yo lo perdí y, aunque le tengo buen cariño a mi país, es de perogrullo que nos dormimos hace tiempo y -si no nos cae antes algún misil- vamos a paso raudo camino a la más podrida morgue. Al menos como rebaño. Y al menos si seguimos hablando de intereses partidistas, derecha e izquierda, ambas lagañas que nos procazmente cierran los ojos que si abriéramos, nos permitirían ver que el cambio que les exigimos a los políticos, no estamos dispuestos a comenzarlo como individuos.

Aunque el título de esta conversación que retrata al dedillo mi propia perspectiva de Chile y sus continentes aledaños pueda sonar masónico, descarto alegremente que lo sea:

Ningún candidato está pensando en crear un mundo nuevo

Dice así:

Pese a que no es optimista sobre el futuro de nuestro país, el profesor, musicólogo y filósofo cumplirá con su deber cívico este domingo y ya tiene su voto decidido: “Votaré por la señora Sánchez como el mal menor”, confiesa. A sus 90 años, Gastón Soublette es un descreído del sistema político, económico y financiero que nos reina. Cree que el problema es mucho más grande y que no se soluciona en estas elecciones. Es este modelo de civilización que ya no da más. Por lo tanto, en este sistema actual, no habrá cambios profundos ni con Guillier ni Piñera. La única revolución posible, para él, parte en nosotros mismos. Solo desde ahí, puede haber una luz de esperanza.

¿Cómo ve estas elecciones presidenciales?
-Tengo la misma impresión que todos: que da un poco lo mismo. Salga la señora Sánchez, salga la señora Goic, salga el señor Piñera o quien sea, es más de lo mismo, porque hasta ahora ha sido así.

Pero hay una diferencia entre Guillier y Piñera. Uno está por continuar las reformas de Bachelet y el otro por estancarlas.
-Como lugar de origen y programa parecen distintos. Pero, a la larga, ¿en los hechos serán tan distintos? Yo creo que no. Ellos tendrán que moverse dentro de un cauce ya determinado. Sacar adelante este país en las actuales condiciones. El presidente que salga seguirá hablando de educación sin tocar el tema de qué es educar, la sociedad chilena irá bajando el nivel ético cada vez más, en eso no soy optimista para nada. Yo creo que el problema es el modelo de civilización. Ni siquiera el modelo económico. Es este modelo de civilización que funciona igual en todas partes y que ya no da más. Los grandes ideales terminan estrellándose contra una estructura tecnológica, financiera y política que hace imposible que nuestras utopías se concreten. Aquí, la lógica es la de los negocios que manejan todo.

Pese a eso, ¿piensa votar?
-Sí. Podría no votar, por un tema de edad, pero me divierte ir a Santiago ese día. Converso con la gente, almuerzo en un restorán del barrio, aunque sé que votando estoy haciendo una cosa que no tiene mucha trascendencia. Lo más probable es que vote por la señora Sánchez.

¿Por qué?
-Es una persona con un alto sentido de justicia, es la que está más cerca de los pobres, me cae bien. Veo buenas intenciones, pero eso está en veremos, no sabemos qué pasaría si gobernaran. Yo votaría por ella como el mal menor.

¿Qué le parece el Frente Amplio?
-En principio, me gusta la orientación social que proyectan. Rescato de esos jóvenes su autenticidad. Yo viví en un mundo muy hipócrita, donde nadie decía lo que pensaba, las relaciones eran siempre con un poco de teatro. Hoy eso terminó. El joven actual es auténtico y el FA está formado por mucha gente de ese temple moral. Mi problema es que ellos, y los demás partidos, van a funcionar en el sistema. No trabajan por un mundo nuevo, sino que por un mundo mejor y nada más. Yo no trabajo por un mundo mejor, porque eso significaría este mismo modelo arreglando todos sus problemas, cosa que es imposible. Los candidatos de hoy no están trabajando por un mundo nuevo. Gandhi y Jesucristo trabajaron por un mundo radicalmente distinto y demostraron que eso era posible.

¿Se imagina cómo debería ser ese mundo distinto?
-Ese mundo no se puede hacer por decreto ni conquistando el poder. Todos los movimientos aspiran a llegar al poder para desde allí instalar su proyecto. Ahí está el problema. Caen en la trampa.

¿Qué les pasa?
-Llegan al poder y tienen que hacerse cargo del muerto. Y el muerto es tan muerto y pesado que les será imposible cumplir con las promesas que le hicieron al pueblo.

¿Los cambios no pasan por los partidos políticos?
-Eso está quedando atrás. Hace unas semanas, el historiador Fermandois y el rector Peña escribieron en El Mercurio sobre qué busca el votante de las elecciones hoy. ¿Le entusiasman las grandes utopías del pasado? Ya no. Le interesa vivir su vida personal, consumiendo lo que el sistema le da en la forma más satisfactoria y tranquila, nada más. Se busca una solución personal. Los candidatos de ahora responden a eso, a una sociedad mucho más individualista, por eso no tienen la relevancia ni el nivel de Frei Montalva o Salvador Allende.

¿En qué momento nos dio lo mismo a quién elegir como presidente?
-En el momento que se acabó la noción de colectivo. Todavía se puede hablar de eso, pero en el fondo no está en la realidad, son como un recuerdo. Es una gran decepción la que creó este individualismo. Ahora, ¿de dónde viene esta idea históricamente? En el siglo XVIII, cuando nació el utilitarismo anglosajón, se dijo que la sociedad del reino de Gran Bretaña no era una sociedad de comunidad, ni siquiera de familia, sino que una sociedad de individuos, porque concibiéndola así se creaba el rendimiento económico, cuya finalidad de la vida es crear riqueza. Esa visión de la vida ha terminado imperando.

¿En segunda vuelta tiene pensado su voto?
-Entre Piñera y Guillier, en segunda vuelta votaré por Guillier sin mucha fe, en el supuesto de que estoy votando por más o menos lo mismo. Pero con un matiz. Todo lo que ha dicho son lugares comunes, pero hay una cosa que dijo que me gustó, respecto al problema de los pueblos originarios: cualquier solución al problema de La Araucanía pasa antes por el concepto de verdad histórica. Esa frasecita me dio una pequeña luz de esperanza frente al problema. Con que arreglara el problema de Arauco, me consideraría satisfecho. Sería la primera solución realmente creativa a un problema nacional. Hasta ahora se considera que no hay pasado histórico, lo que está provocando un desastre, la violencia va creciendo, no se queman solo camiones, se queman iglesias, y nadie se plantea por qué el pueblo mapuche está tan descontento y violentado.

CHATURA POLÍTICA

Usted en una columna en El Mercurio dijo que no le creía a Piñera su vocación política. ¿Por qué?
-Me ha costado creer que él tenga una real vocación política. A pesar que se ha desempeñado como político, no digo que fue un mal senador, puedo reconocer eso, pero su vocación política es inseparable de su calidad de hombre de negocios. Un hombre con esa fortuna tiene que tener una representación personal en el poder legislativo para que no se cree una legislación contraria a sus intereses. Ahora, qué busca todo hombre que se enriquece, es una pregunta que uno también podría hacerle al señor Trump. ¿Por qué Bill Gates tiene billones de dólares? Qué busca un hombre que junta tanta riqueza, sabiendo que hay más o menos tres mil millones en el mundo que viven en la extrema pobreza.

¿Tiene una respuesta?
-En realidad, no tengo respuesta para ese fenómeno tan extraño. Yo creo que a través de una fortuna tan grande se controla el mundo. Por ejemplo, este multimillonario húngaro Soros tenía una cadena de bancos en Japón y, según me contaba Ricardo Lagos, que era amigo suyo, le pidieron que desequilibrara la economía porque a EE.UU. le convenía en ese tiempo, y lo hizo retirando toda su plata de los bancos. Son hombres tremendamente poderosos, pero hay una única cosa que no pueden hacer: actuar sobre la conciencia de las personas que tienen conciencia. Ahora, comparar la fortuna de Piñera con estos millonarios, estamos lejos. No es nada la fortuna de Piñera. Son dos mil 500 millones de dólares. Yo creí que era más. Luksic tiene mucho más.

¿Por qué alguien con tanta riqueza, como Piñera, quiere ser presidente de un país?
-Da la impresión de que él no está solo. El pertenece a un staff de gente poderosa y, de alguna manera, si él es presidente de Chile es en nombre del staff. El staff lo quiere arriba, porque no quiere dejar de ser lo que es. Con Piñera, se asegura la hegemonía de este grupo. El país es un constructo económico, tecnológico y político controlado por un grupo chico. Y la nación es otra cosa, somos nosotros.

¿Qué le parece que Piñera, con todo lo que se le ha descubierto, salga reelecto?
-La gente se acostumbró a que el poder sea corrupto. No lo digo por él, sino en general: el poder corrompe. Y el poder absoluto corrompe absolutamente. No es raro que en un gobierno que se dice comunista, como el de China, haya casos de corrupción tremendos. Una ideología no basta para que el homo sapiens actúe éticamente. La gente se acostumbró a que los que han hecho dinero en Chile tengan antecedentes no muy claros. Esa es una guerra que el poder económico ganó en la sociedad actual. Si antes provocaba una tremenda rebelión moral, hoy hemos bajado la guardia, lo cual es una enfermedad terrible que hemos adquirido y con ella se pierde toda esperanza.

¿Con Piñera se retrocede?
-De alguna manera, con Piñera estaremos en más de lo mismo, solo marcará el paso. No sé si retrocedamos. Quiero creer que él tiene buenas intenciones. Aunque ya sabemos qué podemos esperar de la derecha.

¿Qué se espera de ellos?
-La derecha obedece a la oligarquía chilena, de alguna manera él defenderá esos intereses, y las desigualdades en Chile seguirán como siempre. Estamos entre los países más injustos del mundo. Cómo se pueden formar fortunas tan grandes en Chile sin que eso tenga un precio para la gente de bajos recursos. La torta no alcanza para todos, entonces quien se junta 30 mil millones de dólares lo hace necesariamente a costa de nosotros. Lo que dejas de ganar y lo que yo dejo de ganar, lo tienen ellos en el bolsillo. Esa es la verdad. Las pensiones son atroces. Todas las conquistas sociales terminaron en tiempos de Pinochet. Esa es la catástrofe más terrible que ha habido en este país. Le abrió las puertas a este sistema.

¿Cómo ve el destino del país?
-Este es un país que está tremendamente enfermo, su psicología está muerta. En Latinoamérica estamos pasando por una transición de una cultura tradicional con valores a una cultura del individuo, del consumo y el rendimiento. En Chile, ese tránsito ha sido particularmente trágico. La pérdida de los valores es tan evidente.

¿En qué lo ve reflejado?
-En la chatura del discurso de los políticos o de los que tienen una cuota de poder. Todos los problemas son económicos y nada más. Nadie se preocupa del espíritu, la sabiduría y la cultura, cosas realmente importantes. ¿Quién se plantea el problema cultural de La Araucanía? ¡Esta falta de respeto para con su cultura! ¡Esta persecución permanente para despojarlos de sus tierras! Aquí es terrorismo y apliquémosle la ley antiterrorista, nomás. Eso revela la chatura psicológica. El discurso es atroz. El debate de los candidatos uf, penoso, penoso, penoso. Son tan simplistas. Y tienen que hablar ese lenguaje, porque no hay otro.

¿Cuál lenguaje?
-Ese lenguaje de estadística. Nuestros candidatos son reflejo del individualismo de esta sociedad. Si ya no existen las utopías ni los ideales de la justicia para el colectivo, por decepción, porque eso nunca llegó, entonces salvemos lo poco que tenemos ¿y qué es lo que tengo yo? A mi persona. Entonces, que mi persona haga lo mejor que se pueda, dentro de este sistema, donde el poder siempre comete injusticias y es corrupto, en ese mundo que ya no podemos evitar que sea así, que mi persona por lo menos saque adelante su proyecto personal y nada más. Entonces, esa sociedad tiene candidatos de este tipo. Por qué crees que en las elecciones internas del PS perdió Lagos frente a Guillier. ¡Cómo vas a comparar a Lagos con Guillier, pues!

¿Hubiese votado por Lagos?
-Sí, incluso lo promoví aquí en Limache. Lo entrevisté en la radio Latina y fue escuchado hasta en Valparaíso. Y no me di cuenta, pero funcioné de acuerdo al paradigma cultural ya colapsado, leí todo su currículum y no impresionó a nadie. En otros tiempos, un currículum como el suyo habría sido tremendamente impresionante. Hoy no emociona a nadie.

¿Por qué rescata a Lagos y no a Guillier que son de la misma coalición?
-Lagos pertenece a una clase política que se acabó, con personas como Salvador Allende, Frei Montalva, Bernardo Leighton, Aylwin y Gabriel Valdés. Lagos hoy es un hombre extemporáneo. Tenía la estatura de un estadista, algo muy raro de encontrar hoy, yo creo que es el último estadista que queda. En todo caso, eso no le dice nada a nadie. Esa es la verdad. Vende más la superficialidad. La izquierda no llevó a Lagos porque saben que el electorado de hoy responde más a un tipo como Guillier. Yo creo que el hombre que tenía más noción de los valores era Gabriel Valdés, pero no pudo ser presidente. Tenía la formación espiritual, moral y cultural más sólida que he conocido en todos los políticos. Pero esa clase de hombre hoy no funciona. Ahora, solo basta estar bien informado, tener todas las estadísticas en la mente, y después bueno, nos vamos a topar con el poder económico y trataremos de sacar adelante las cosas lo mejor posible, sin ninguna creatividad. El problema de los candidatos es que no tienen creatividad.

¿Cómo evalúa el gobierno de Bachelet?
-Siempre me ha interesado su sentido social. Pero está en un sistema que impide que su calidad humana se proyecte como ella quisiera. Tiene que ceder en muchos campos.

¿Cómo evalúa su reforma en educación?
-Lo que me deja muy insatisfecho es que se discutan puros temas de procedimiento y nada de contenidos. Eso es decepcionante. Revela el materialismo en que vivimos. Una mecánica de cómo funciona la cosa. El qué se va a enseñar, cuál es la finalidad de la educación, no lo trata nadie. El país necesita que se cumpla ese ideal que tanto mencionaba el presidente radical Pedro Aguirre Cerda: Gobernar es educar. Educar a los hombres para que tengan consistencia ética antes que nada, para que se conozcan a sí mismos, para que maduren psicológicamente, no para llenarlos de contenido o instrumentalizarlos para incorporarlos al sistema. No veo a nadie preocupado de eso.

Educarlos éticamente para que después, por ejemplo, no caigan en actos de corrupción.
-Claro. Entonces, si esta sociedad está enferma, la educación es la gran vía para corregir esa enfermedad, pero qué educador sano hay que pueda sanar a los otros. Ese es el problema con todas las reformas educacionales. No hay noción de lo que es el desarrollo psíquico del hombre. Esta reforma educacional no cambia al hombre chileno. Necesitamos cambiar nuestros patrones de conducta y pensamiento. Porque moralmente estamos muy bajos.

UN MUNDO NUEVO

¿Cuáles son sus sueños para Chile?
-Veo muy negro el panorama a futuro. Esto se va echando a perder cada vez más. No veo por dónde esto vaya a salir. A pesar que estoy desesperanzado de lo que viene, no lo estoy del futuro de la sociedad. Esta autenticidad de los jóvenes de hoy, esta necesidad de valores que tienen, con perspicacia para juzgar a los políticos y los poderosos, dará un fruto a la larga para otro tipo de sociedad. Lo que sí veo es que por una fuerza dialéctica que existe a todo nivel en la sociedad, mientras más se corrompe el sistema y se vuelve violento, en otro lado también se fortifica proporcionalmente. O sea, hay cada vez más cantidad de gente que necesita una educación valórica.

¿Qué salida le ve al sistema actual?
-Este sistema terminará por colapsar. Y lo está haciendo colapsar el cambio climático- que es la rebelión de la naturaleza-, el terrorismo y la espiral de violencia delictiva. Tres cosas generadas por el mismo sistema, que le han hecho perder la esperanza a las grandes masas. Lo que las grandes masas no pueden imaginarse -ese es el problema- es que pueda desaparecer este sistema, porque es el mundo nuestro y estamos viviendo en ese mundo con esas leyes. Es difícil imaginar cómo sería un mundo radicalmente distinto. La única solución es que una parte de la humanidad, porque yo sé que todos no lo van a hacer, vaya estudiando la manera de independizarse del sistema progresivamente, porque independizarse totalmente es imposible. Hay que actuar.

¿Cómo se actúa?
-Convirtiéndose primero. Si analizas tu vida y te preguntas ¿soy fiel a la verdad?, ¿siento solidaridad con los que sufren, con las víctimas del poder?, ¿amo a mi prójimo como a mí mismo?, ¿actúo con respeto?, ¿soy desprendido? Nadie que se mire al espejo y se haga esas preguntas no enrojece. Muy pocos pasan ese examen sin avergonzarse. Si el hombre no hace esa conversión esto no tiene vuelta. Seguirá componiendo el mismo sistema. Seguirá la hegemonía de la tecnología y economía. Como dijo Max Neef, el pensamiento económico de hoy se ha transformado psicológicamente en una patología. O sea, los países no son culturas. No son naciones, ni siquiera sociedades, son solo economías.

¿Dónde uno se puede refugiar?
-Te parecerá raro lo que te diré: refúgiate en ti mismo. Si estás tranquilo contigo mismo, si piensas que estás haciendo lo que debes hacer, estás protegido de una manera espontánea y te vuelves invulnerable a la violencia exterior.

Estamos en una sociedad donde se prefiere más el bienestar económico que lo espiritual.
-Esa es la filosofía del sistema. Tratar de hacer lo contrario, ahí está el problema. Muy pocos tienen el talento para hacerlo. Nos han visitado miembros de comunidades de Escocia e Irlanda que nos han contado sobre sus comunidades que se sitúan al margen del sistema. Hay gente que renuncia a la propiedad privada, se retiran a una tierra que ellos mismos adquieren y la cultivan. Hay casos extremos que hacen la propia ropa, imitando a Gandhi, que ha sido el gran mentor, pero hay otros casos donde no es tan radical el paso que se da, sino lo que busca es simplificar la vida, no consumir. Por lo tanto, te apartas de todos los medios de comunicación, de tal manera que la publicidad que el sistema tiene, no te ejerce ninguna influencia. Tú eliges.

¿Cuál ha sido su renuncia?
-No consumo. No manejo auto, no tengo cuenta corriente, no uso celular, no uso calculadora, no uso computación. Vivo mucho más tranquilo sin eso. Al no seguir las pautas de la publicidad, no me siento en la obligación de consumir nada de lo que me están ofreciendo. Y qué es lo que ha ocurrido espontáneamente. Como yo difundo esta manera de pensar en todos mis cursos a mis alumnos, a muchos jóvenes le entusiasma mucho esta idea y se han apartado del consumo, simplificado su vida, cambiado sus planes.

Pero usted no es tan extremo como para renunciar a la propiedad privada, por ejemplo.
-No llego a ese extremo, necesito un pedacito de tierra. Pero esto es todo lo que tengo. Vivo de una jubilación mala y del sueldo de la universidad. No soy un hombre de negocios.

¿Sigue haciendo clases?
-Sigo haciendo clases, a los 90 años.

Hace tres años se había retirado…
-Sí. Cuando me entrevistaste la otra vez, no me sentía bien, me cansaba subir escaleras y paré. Pensé que estaba envejeciendo muy rápidamente. Pero me empecé a sentir cada vez más mal y tuve que ir al doctor. Me hizo unos exámenes y descubrió que tenía un cáncer al colon. Era un tumor de ocho centímetros del porte de una pelota de tenis. Pregunté cuánto tiempo lo tenía. Y el doctor me dijo hace mucho tiempo. Pasé años sin darme cuenta.

¿Cómo se tomó ese diagnóstico?
-Me asusté, pero el doctor me tranquilizó. Tenía muy buen pronóstico y así fue. Y me pasó que después de la operación, me empecé a sentir tan bien que le dije al decano de Filosofía “se acabó el problema, ahora puedo hacer clases de nuevo”. Y desde ese momento he trabajado enormemente sin cansarme. Me vino una vitalidad tremenda que hasta a mí me sorprende.