La depresión de los fines de semana

Me pasa:

Vivo supermotivado de lunes a viernes, resuelvo dentro del día cosas en las que otros tardan una semana. Soy ejecutivo, rápido y hasta entretenido para mis clientes, los que -creo- disfrutan conversar un café conmigo luego del cual quedan un poco más alegres. Vivo contento y acelerado… hasta que llega el viernes a eso de las cinco. Luego de eso, por dos días no valgo un peso. Tengo dos hijas hermosas, una esposa maravillosa, una mamá espléndida y hasta un padrino y una perra, pero nada. No me puedo levantar de la cama, y no solamente por cansancio.

Un artículo que encontré:

“Las últimas horas de los días viernes y domingo provocan en muchas personas pena, ausencia de alegría, desolación e incertidumbre; se presenta una suerte de tristeza sincrónica cuando el fin de semana es un motivo de pesar. En estos casos, es probable que ya la tarde del viernes anuncie la llegada de la tristeza, que es el momento del día que marca la finalización de las ocupaciones semanales, es decir, la suspensión de la rutina. Entonces, la depresión viene como una respuesta al impasse debido a que gran parte de las actividades cotidianas –encaradas como razón importante de ser de cualquier individuo- cesan. En consecuencia, más gente de lo que comúnmente se cree, cae en la confusión y perturbación.

Se considera que el motivo de la depresión -que aparece como si de la nada- es que las últimas horas de la tarde ubican a los individuos frente a la posibilidad de desenvolverse “sueltos”, a disponer de una libertad sin el soporte de ese montaje “ilusorio o francamente falso de la rutina”. Según la psiquiatría y la psicología, la angustia también sobreviene por una impotencia que se experimenta ante el hecho de que las tareas habituales ya no preservan, porque “mueren” hasta el lunes. La depresión se observa más en la gente que vive sola y en esto tienen mucho que ver los discursos culturales y homogéneos que apuntalan el preconcepto de que se es feliz cuando se convive con otros, e infeliz en el retiro y la soledad. Lo cierto es que las presas de la depresión son generalmente las personas que atribuyen al trabajo y/o los estudios las cualidades de ejes rectores de su vida. Por lo tanto, el fin de semana marca un corte momentáneo, aunque suficiente para que “se pierdan y extravíen”. Desconocen cómo pensarse a sí mismas sin tácitas obligaciones. Aquellos que sufren la depresión típica del fin de semana, hasta preferirían -aún sin tomar plena conciencia y en beneficio de su estabilidad emocional- que los días laborables quedasen intactos y sin interrupción; necesitan una “ocupación mental” que sirva de excusa viable para no pensarse “lo que son” fuera de su desenvolvimiento cotidiano. Es como si precisaran que otros les impusieran desde afuera lo que tienen que hacer, como si se negasen a mirar delante de un espejo sus problemas y con la imposibilidad de “ser como se quisiera ser.” El estado depresivo podría explicarse en términos generacionales de la siguiente manera: la gente mientras envejece deja de asistir a reuniones o fiestas, con la asiduidad que lo hacía en su juventud, y/o se torna menos tolerante a “las desmesuras de los apetitos”. No obstante, es una paradoja de la existencia que los días que se repiten realizando las mismas actividades le permite saberse idéntica a los demás, pero la diferencia del fin del viernes al domingo la hace trastabillar, revelándose de golpe, y la devasta.”


Autor: Juan Pablo Carrillo.