Cómo ser diseñador en regiones (y sobrevivir)

Hace casi una década, cuando empecé a trabajar solo (aún lo hago), no imaginaba que debería dejar pasar dos años para que sonara mi celular con el primer cliente espontáneo del otro lado. Imaginaba que aparecerían solos, sin que hubiera que buscarlos, que tendría que bucear entre tantas llamadas y que en poco tiempo ostentaría una agencia robusta y reputada. Pero no. Facebook no existía así que las horas muertas se multiplicaban navegando por Fotolog, no había mucho que hacer y ya pensaba en cambiarme de rubro hasta que me encontré con Borzone en una esquina cercana al centro. Al tipo le iba bien… ¡y era colega mío! Esta fue la primera conversación que me iluminó. Llegué a casa y desempolvé un libro que hasta ese momento pensé que no servía más que un vademécum:

Las páginas amarillas, ese gordo libraco que uno cree que por ser gratuito no vale nada y que puede cambiarte la vida. Es cosa de ser buen sabueso.

Lo que quiero decirte es que trabajo hay. Tal vez no vas a ser el publicista de La Polar (y por favor no lo seas, ellos son malos) o de las farmacias (ídem), pero puedes tener muchos clientes pequeños o medianos. Especialízate. Yo he atendido a 500 en diez años y ninguno es demasiado grande, y aunque no me he hecho rico vivo más tranquilo que preocupado.

¿Has pensando cómo hizo su fortuna la Coca-Cola? Pues vendiendo bebidas a un precio que hasta el más piñufla puede pagar. Más pequeño no significa peor, ¿te imaginas el temor de trabajar con el Casino Marina del Sol o con Isapre Masvida? Cada día te los querrían quitar. Así que búscate clientes medianos o emergentes y satisfazlos, pues muy probablemente serán ellos los que te den el pan. O las hamburguesas.

Si no tiene trabajo, invénteselo

La segunda conversación que me alumbró fue vía Messenger (cómo te extraño) con Zandi, antes del impasse aquél con el pérfido pariente de su polola. Me transmitió, una tarde lluviosa, lo que otro tío le dijo a él durante un breve chispazo de sabiduría: “Sobrino, si no tiene trabajo, invénteselo”. Eso, más lo de Borzone, terminaron por cambiar mi suerte, convirtiéndome (tardíamente, pero más vale eso que nunca) de un maloliente paria a un más que digno y afeitado emprendedor. Y tenía más de veinticinco años, así que si tienes complejo de tiro al aire lamento desilusionarte: Todavía puedes cambiar.

“…invénteselo”.

¿Has pensado alguna vez que, si tienes cuarto medio + Internet, simplemente no puedes ser cesante? Y que si lo eres, ¿muy probablemente se debe a que no has decidido dejar de serlo? Tener trabajo implica querer tenerlo. Pero querer tenerlo de verdad.

Cuando el bueno de don Raúl Jeria puso delante de mí la posibilidad de ser docente, traté de enseñar algo más que Redacción Creativa a mis alumnos. En particular me detuve en el siguiente punto: ¿Se han fijado muchachos que en Chile mucha gente sale a buscar trabajo, pero poca lo encuentra? Esto se debe a que casi nadie va a encontrar trabajo, sino solo se queda en buscarlo. Como que se consuelan de no tenerlo porque “no me apuren, estoy buscando”. Esto casi siempre resulta ser una excusa.

El que no tiene trabajo, si tiene cerebro e Internet, debe tratar de inventárselo, porque las posibilidades de que toquen a la puerta de tu departamento con un contrato listo para firmar son casi nulas. Como dijo creo que Napoleón: “Si alguna vez necesitas una mano que te ayude, la encontrarás al final de tu propio brazo”. Ayúdate hijo, hay mucho por hacer. Puede ser el camino difícil, pero si te va bien terminarás ganando sueldo de jefe, y no solo de diseñador.

Método. Método. Método.

Los diseñadores nos caracterizamos por ser bastante indisciplinados. Nos acostamos tarde, comemos muchos tallarines y poca lechuga, somos buenos para el café y el PlayStation y hacemos sándwich cuando el feriado cae martes o jueves. Y no pues, que la cosa así no va. Porque aunque seamos secos para el Photoshop, nada irá muy bien si nos levantamos antes de almuerzo y cerramos el boliche a medianoche. “Las lucas se hacen de día” me dijo Giovanni alguna vez. Y aunque también me dijo muchas mentiras de cachafaz después, ésta fue una gran verdad y se la agradezco.

Así que método caballeros y damas, que no basta saber de tipografías y formatos si a eso de las seis o siete, cuando las oficinas están cerrando, recién estamos comenzando la parte productiva de la tarde. Eso debiera ser a las tres. Y para descansar hay un día y medio o dos a la semana.

Personalmente me parece un buen horario encender el computador a las 09:00 y apagarlo a las 19:00, lo que restando la hora de colación (que debes tomarla, hace mucho bien tanto fisiológica como familiarmente) nos deja nueve horas de trabajo, la primera de las cuales yo reservo para un ritual sagrado que llamo “Apuntes”. Te lo cuento a continuación.

La previa

Probablemente la bandeja de entrada de tu correo electrónico tenga cien o más mensajes, entre los que conviven los que ya leíste con las promociones de Groupon y algunos novedosos consejos de depilación láser que acaso no hayas descartado. ¿Has considerado que -especialmente si usas Gmail- puedes transformar todo ese maremágnum en una ordenada y eficiente pauta de trabajo? Al menos yo lo logré, aunque ojo que va cambiando día a día por lo que, como sugerí en el párrafo anterior, es conveniente hacerlo de lunes a viernes hasta las 10:00 de la mañana, sin faltar un día. A la semana habrás gastado cinco horas, pero optimizarás las otras cuarenta. Atención:

A) Ten, por cada encargo, un set de mensajes (en Gmail se llama conversación) que tenga por asunto el nombre del cliente. Por ejemplo, si estás atendiendo a Óptica Benöhr, titula al primer mail que les envíes “Óptica Benöhr” y no “presupuesto” ni “diseño de tríptico”. Esto, que al cliente podrá parecerle un poquito inusual, ciertamente no le incomodará y -cuando vuelvas a tener muchos mensajes- te arrojará una pantalla amigable y en la que fácilmente encontrarás toda la información útil de cada uno en su correspondiente conversación. Absorbe todos los mensajes con títulos confusos o ambiguos en conversaciones que tengan por asunto al cliente mismo y verás cómo se aclara la visualización de tus tareas.

B) Esperando haberme explicado bien en lo recién mencionado, luego te recomiendo etiquetar cada día, religiosamente, las mencionadas conversaciones, previamente renombradas, en cuatro categorías. Esto también es posible si llevas tu agenda de trabajo en papel, pero es más difícil, por lo que te recomiendo pasar de lleno al formato digital. Estas categorías vendrían siendo las siguientes:

• Gestión (los clientes a los que debes llamar o escribir);

• Reuniones (aquellos con los que tengas citas);

• Diseño (los trabajos que debas ejecutar) y

• M.O.D. (todo lo que debas atender Mañana o Después).

C) Solo habiendo llevado a cabo los dos puntos anteriores estarás realmente listo para efectuar tu primer telefonazo a las 10:00 AM, nunca antes a menos que lo tengas acordado con tu cliente, o recién estará pidiéndole a su secretaria el primer café de la mañana mientras lee el diario y la llamada no te reportará nada.


Y aquí se corta abruptamente este artículo, ya que perdí el original cuando la empresa de hosting de la que soy usuario tuvo un problema a pocas semanas de haberlo subido. De hecho, de no haber sido por mi amigo el buen Bassofia, que lo republicó aquí, se hubiera perdido para siempre. Lo que te faltó por leer, paciente amigo, fue el párrafo final que era -no lo dudes- el remate más inteligente que hubieras conocido en tu vida. Pero así es la ídem, no todo puede ser ganar. Como sea, ¿me dejas tus comentarios más abajito?


Escrito el año 2013.