Alzheimer

Eldad se lleva un dedo a la frente, como iniciando el ademán de rascarse, pero a mitad de camino parece que se arrepiente y regresa su brazo a la posición de reposo. Pasa un momento y repite el gesto, pero nuevamente, como si olvidara terminar de llevar a cabo sus intenciones, retoma su postura.

Eldad pide un lápiz, balbuceando. Pero lo que en realidad quiere es una cuchara, para revolver su té, el que se bebe recién servido, muy caliente. Eldad se quema la garganta, sin entender por qué, y se frota el cuello con la mano, intentando apagar el ardor.

Eldad, mi abuela, tenía Alzheimer. Vi muchas veces a mi madre y a mis tíos intentando recuperar algo de su presencia desde la nada. Eldad, o la Toquita para sus queridos, se había ido hace mucho tiempo, pero olvidó llevarse el cuerpo. Y ese cuerpo casi sin mente hubiera sido casi siempre mejor que no estuviera, porque duró mucho tiempo enferma. Dieciocho años.

En dieciocho años de tener un pariente con Alzheimer uno mira alrededor muchas veces e intenta encontrar a alguien con quien contar. A veces simplemente no hay nadie, otras veces aparece alguien. Hablar, hablarse, ya con compartir la vivencia se mitiga un poco la angustia, pero, ¿dónde hay más personas aquejadas de lo mismo?

En nuestra ciudad, desde hace ya varios años, existe la Agrupación Alzheimer Concepción, que se dedica a hacer precisamente lo que necesitábamos mi familia y yo por ese entonces: compartir experiencias, intercambiar dolores. Pero no solo eso, ya que sus miembros organizan encuentros con expertos de varias especialidades, los que, por ejemplo, enseñan cómo evitar las escaras en los cuerpos de sus parientes o cómo alimentarlos más sana y eficientemente.

Desde mi vivencia puedo asegurar que este tipo de corporaciones no puede menos que hacer mucho bien a quienes la componen. Así que si tienen un familiar enfermo, o son amigos de alguno, los invito a recomendar este link:

alzheimerconcepcion.cl

Antes de cerrar este artículo, quiero invitarlos a leer una nota que le escribió mi madre, en 1989, a Eldad. Mi abuelo fue quien la publicó en el diario, y yo la difundo esta vez para que no se pierda: